Cuando no sientes nada al orar
Devocional para jóvenes sobre orar sin sentir nada: qué hacer cuando la oración parece hablarle al techo y por qué eso no significa que Dios se haya ido.
El texto
«Dios mío, clamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mí reposo.» — Salmo 22:2
La idea
Rezar y no sentir nada no significa que lo estés haciendo mal.
Para pensar
Hay noches en que oras y tienes la sensación exacta de estar hablándole al techo. Ninguna paz, ninguna respuesta, ninguna emoción. Solo tu voz en tu cabeza y la duda de si esto sirve de algo.
Lo primero que conviene saber: eso está en la Biblia. El Salmo 22 no es la queja de alguien que se está apartando de Dios; es una oración incluida en el libro de oraciones del pueblo de Dios. Y la frase es durísima: clamo y no respondes.
Lo segundo, y todavía más incómodo: Jesús citó ese salmo desde la cruz. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» son las primeras palabras del mismo texto. Si hay alguien que podía decir que Dios le había fallado, no fue por falta de fe.
Nos han enseñado a medir la oración por lo que sentimos, y eso es un error de fábrica. Los sentimientos dependen de si dormiste, de cómo te fue el día y de lo que viste en el móvil hace diez minutos. Si tu vida con Dios depende de eso, va a subir y bajar como una montaña rusa.
Orar sin sentir nada tiene un nombre viejo: fidelidad. Es seguir apareciendo cuando ya no hay premio emocional. Y curiosamente, es de las cosas más maduras que puede hacer alguien de tu edad.
Para hoy
Ora hoy aunque no te apetezca y aunque no sientas nada. Tres minutos. No busques la emoción; solo aparece.
Si no sabes qué decir, lee el Salmo 22 en voz alta y quédate con eso. Está permitido orar con palabras prestadas.
Oración
Dios, hoy no siento nada, y aun así aquí estoy. No sé si me escuchas, pero prefiero hablarte sin sentirte que dejar de hablarte. Enséñame a quedarme cuando no hay nada que ganar. Amén.
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