El naufragio

Dinámica de reflexión para jóvenes cristianos: el grupo decide a quién salvar en un bote y descubre con qué criterios juzga el valor de una persona.

Edad
14-18 años
Participantes
6-25
Duración
30-45 min
Dificultad
Media
Materiales
Fichas con los personajes · Papel · Bolígrafos

Es una de las dinámicas más antiguas que existen y sigue funcionando, porque saca a la luz los prejuicios del grupo sin que nadie tenga que confesarlos. Ojo: hay que dirigir bien el cierre o se queda en un debate sin conclusión.

Objetivo

Que el grupo descubra, discutiendo, con qué criterios decide quién vale más, y confrontar esos criterios con la forma en que Dios mira a las personas.

Preparación

  1. Copia la lista de personajes de abajo, una por equipo.
  2. Divide en equipos de cuatro o cinco.
  3. Prepárate para no opinar durante el debate. Es lo más difícil de esta dinámica.

Instrucciones paso a paso

  1. Plantea la situación: un barco se hunde. Hay diez personas y un bote salvavidas donde solo caben cuatro. Nadie más sobrevivirá.
  2. Reparte la lista. Cada equipo tiene quince minutos para decidir a quién salvan y por qué.
  3. La decisión tiene que ser unánime dentro del equipo. Nada de votar y pasar página.
  4. Cada equipo expone su bote y sus razones. Aquí es donde salta el debate entre equipos.
  5. Anota en la pizarra los criterios que van saliendo: utilidad, edad, futuro, inocencia, necesidad.

Los diez pasajeros

  1. Una médica de 40 años, embarazada de tres meses.
  2. Un chico de 17 años con una discapacidad intelectual.
  3. Un ingeniero de 35 años que ha estado en la cárcel por robo.
  4. Una anciana de 78 años, misionera durante toda su vida.
  5. Un niño de 6 años.
  6. Un policía de 30 años con dos hijos pequeños.
  7. Una profesora de 50 años que cuida de su madre enferma.
  8. Un joven de 20 años con adicción a las drogas, en tratamiento.
  9. Una agricultora de 45 años, madre de cuatro hijos.
  10. Un responsable de una iglesia, de 60 años.

Variantes

  • Con roles asignados: cada joven defiende a un personaje concreto e intenta convencer al grupo de que le salven. Mucho más incómodo y mucho más potente.
  • Sin datos: solo se dan las edades y las profesiones, sin más contexto. Se ve hasta qué punto decidimos con prejuicios.
  • Con nueve plazas: solo se descarta a uno. Cambia por completo la conversación: cuesta más elegir a quién dejar fuera que a quién salvar.

Reflexión

Este es el bloque que da sentido a todo. No lo recortes.

  • ¿Qué criterio usasteis primero: quién es más útil, quién tiene más vida por delante, quién lo merece más?
  • ¿Descartasteis a alguien por su pasado? ¿Y por su edad?
  • ¿Habría cambiado algo si supierais que uno de ellos es vuestro padre o vuestro hermano?
  • ¿Quién de los diez os ha costado más defender? ¿Por qué?
  • Si tú fueras uno de los diez, ¿en qué puesto crees que te habrían puesto?

Enseñanza bíblica

«Mas Jehová dijo a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura… porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.» — 1 Samuel 16:7

Samuel va a ungir rey y descarta a David sin dudarlo: era el pequeño, el que cuidaba ovejas, el que ni siquiera habían llamado a la reunión. Con los criterios del grupo de hoy, David habría estado fuera del bote.

Y hay algo más incómodo. El grupo acaba de hacer, en quince minutos, exactamente lo que hacemos todos los días: ordenar a la gente por utilidad. Lo hacemos en clase, en el instituto y en la iglesia, aunque nunca lo digamos en voz alta.

El evangelio propone lo contrario: el valor de una persona no depende de su rendimiento. Santiago 2:1-4 lo dice sin rodeos al reprender a una iglesia que sentaba mejor a los ricos.

Cierra con esto: si el valor de la gente dependiera de su utilidad, la cruz no tendría sentido, porque Jesús murió por gente que no aportaba nada a cambio.

Consejos para el líder

  • No des tu opinión durante el debate. En cuanto la das, todos buscan tu respuesta correcta y se acaba el pensamiento.
  • No hay respuesta correcta. Dilo al final, con claridad. La dinámica es la conversación, no el bote.
  • Cuidado si en tu grupo hay alguien con discapacidad, adicciones en la familia o un familiar en la cárcel. Adapta la lista o dirige la reflexión con especial cuidado.
  • Si el debate se pone áspero, párate y pregunta cómo se sentiría cada uno si estuviera en la lista.