Las etiquetas

Dinámica cristiana para adultos con reflexión: cada uno lleva una etiqueta que no ve y el grupo le trata según ella. Destapa los prejuicios invisibles.

Edad
18+ años
Participantes
8-20
Duración
30-45 min
Dificultad
Media
Materiales
Etiquetas adhesivas · Rotulador

Es una dinámica incómoda, y ahí está su valor. Funciona muy bien en grupos de adultos que llevan años juntos y creen que ya no tienen prejuicios. En cuarenta minutos demuestra lo contrario sin señalar a nadie.

Objetivo

Que el grupo compruebe en su propia piel cómo cambia el trato según la etiqueta que llevamos puesta, y reconozca las que reparte sin darse cuenta.

Preparación

  1. Escribe una etiqueta por participante. Ejemplos que funcionan:

    Hazme caso · Ignórame · Ríete de lo que diga · Discúteme todo · Compadéceme · Trátame como a un experto · Interrúmpeme · Admírame · Trátame como a un niño · Evítame · Pídeme consejo · Corrígeme

  2. Prepara un tema de debate sencillo y con opiniones: cómo mejorar la iglesia, qué hacer con un presupuesto, cómo organizar una actividad. No uses un tema personal ni doctrinalmente espinoso: el debate es solo la excusa.

  3. Sillas en círculo.

Instrucciones paso a paso

  1. Pega una etiqueta en la frente de cada persona sin que vea la suya.
  2. Explica la única regla: durante el debate, hay que tratar a cada uno según su etiqueta, sin decirle nunca lo que pone.
  3. Lanza el tema de debate y deja que hablen entre quince y veinte minutos.
  4. Observa sin intervenir. Verás cómo algunos se crecen y otros se van apagando y callándose.
  5. Antes de quitar las etiquetas, pregunta a cada uno: ¿cómo te has sentido? ¿qué crees que pone en tu frente?
  6. Ahora sí, que se quiten la etiqueta y la lean.

Variantes

  • Con etiquetas sociales: en vez de instrucciones, se ponen roles —«sin estudios», «rico», «recién llegado», «pastor»—. Mucho más duro y más revelador. Solo con grupos maduros.
  • En dos rondas: segunda vuelta con las etiquetas cambiadas, para que quien fue ignorado sea ahora admirado.
  • Solo positivas: todas las etiquetas son de trato bueno. Sirve para hablar de cómo cambia una persona cuando se la valora.

Reflexión

Esta parte es más larga que la dinámica. No la recortes.

  • ¿En qué momento empezaste a sospechar qué ponía en tu frente?
  • ¿Cómo te ha afectado? ¿Has hablado más o menos de lo normal?
  • A quien le tocó «ignórame»: ¿cuánto tardaste en dejar de intentarlo?
  • ¿Te ha costado tratar mal a alguien aunque fuera un juego?
  • ¿Qué etiquetas repartimos en esta iglesia sin decirlas en voz alta?

Esa última pregunta es la que de verdad importa. Deja silencio después de hacerla.

Enseñanza bíblica

«Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al del vestido espléndido y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estáte tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos?» — Santiago 2:1-4

Santiago no está hablando en abstracto: describe una escena concreta que pasaba en las reuniones de aquella iglesia. Alguien decidía dónde sentaba a cada uno según su ropa.

Lo importante es que nadie lo hacía con maldad. Se hacía por costumbre, igual que el grupo acaba de tratar distinto a cada uno sin pensarlo, solo por seguir una instrucción.

En cualquier iglesia hay etiquetas invisibles: el que siempre da su opinión, la que se sabe todo, el que nunca dice nada, la familia complicada, el nuevo. Y funcionan igual que las de la frente: quien las lleva las nota, aunque nadie las diga en voz alta.

Cierra con la pregunta honesta: ¿a quién de esta iglesia llevamos años tratando según una etiqueta que le pusimos hace mucho tiempo?

Consejos para el líder

  • Reparte las etiquetas al azar. Y cuida especialmente a quien le toque «ignórame» o «evítame»: búscale al terminar.
  • Nunca uses etiquetas que coincidan con un rasgo real de esa persona. Dejaría de ser un juego.
  • Si alguien lo pasa mal de verdad, para la dinámica antes de tiempo. La reflexión funciona igual.
  • No hagas esta dinámica en un grupo con conflictos abiertos: se usará como arma.
  • Cierra siempre en positivo, dando gracias por algo concreto de cada persona.