Cuando te comparas y sales perdiendo

Devocional para jóvenes sobre la comparación: por qué siempre pierdes al compararte con el mejor momento de otro, y qué propone Pablo en su lugar.

Duración
5 min

El texto

«Cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro.» — Gálatas 6:4

La idea

La comparación está trucada: comparas tu día entero con el mejor segundo del de otro.

Para pensar

Abres el móvil cinco minutos y sales peor de lo que entraste. No pasó nada malo: simplemente viste a gente de tu edad viviendo cosas que tú no estás viviendo.

Lo que casi nadie te dice es que la comparación está amañada de origen. Tú te conoces por dentro: sabes lo que te preocupa, cómo tienes la habitación y las cosas que no le cuentas a nadie. De los demás solo ves lo que decidieron enseñar, elegido entre cuarenta intentos.

No es que pierdas la comparación. Es que estás comparando cosas que no son comparables.

Pablo propone otra vara de medir, y fíjate en lo raro que suena: mira tu propia obra. No la del de al lado. La pregunta deja de ser «¿voy mejor que él?» —que nunca tiene respuesta estable, porque siempre habrá alguien mejor— y pasa a ser «¿estoy siendo fiel con lo que se me ha dado?».

Y esa segunda sí se puede responder. Hoy. Sin mirar el perfil de nadie.

Hay un detalle práctico en el pasaje que se pasa por alto: Pablo no dice que dejes de mirarte. Dice que te examines. La alternativa a compararse no es la indiferencia, es la honestidad contigo mismo.

Para hoy

Dos cosas concretas:

  1. Silencia o deja de seguir una cuenta que te deje peor de lo que estabas. Ahora, no mañana.
  2. Escribe una sola frase: algo que hiciste bien esta semana y que nadie vio.

Oración

Dios, estoy cansado de medirme con gente que solo veo por fuera. Enséñame a mirar mi propia vida sin excusas pero también sin desprecio. Y ayúdame a alegrarme de verdad por los demás. Amén.