El ovillo de las cualidades
Dinámica de ánimo para grupos juveniles: cada joven recibe en voz alta lo que los demás valoran de él. Cierra un curso o un retiro por todo lo alto.
Esta es la dinámica para el último día de un retiro o el cierre de curso. Se hace en veinte minutos y hay lágrimas garantizadas, en el buen sentido. No la uses con un grupo que acaba de conocerse: no funcionaría.
Objetivo
Que cada joven escuche en voz alta lo que los demás valoran de él, y que el grupo practique decir en la cara lo que normalmente solo se piensa.
Preparación
- Un ovillo de lana grueso.
- Círculo de sillas, o todos sentados en el suelo.
- Piensa algo concreto de cada uno antes de empezar. Es tu deber como líder: vas a hablar de todos y no puedes improvisar elogios genéricos.
- Reserva tiempo suficiente. Con quince personas, treinta minutos como mínimo.
Instrucciones paso a paso
- Explica la regla principal: solo se dice lo positivo, y tiene que ser concreto. «Eres buena persona» no vale; «siempre te sientas con el que llega nuevo» sí.
- Empieza tú. Sujeta el extremo de la lana, di el nombre de alguien, dile qué valoras de él y lánzale el ovillo.
- Quien lo recibe sujeta su parte, elige a otra persona que no lo tenga todavía, le dice algo concreto y lanza.
- Continúa hasta que todos hayan recibido el ovillo. Nadie puede quedarse sin turno: lleva la cuenta.
- Cuando todos sujeten el hilo, se ve la red que han formado. Deja unos segundos de silencio.
- Cierra tú diciendo algo del grupo entero, no de individuos.
Variantes
- Por escrito: cada uno tiene una hoja pegada a la espalda y los demás van escribiendo. Se la llevan a casa, y muchos la guardan años. Es la mejor versión si el grupo es tímido.
- Rápida: en grupos grandes, en corros de seis. Se pierde el efecto de la red pero se hace en diez minutos.
- Con el líder al final: el grupo termina diciéndote cosas a ti. Prepárate, porque suele ser el momento más emotivo, y el que más ánimo te da para el curso siguiente.
- De agradecimiento: en vez de cualidades, se agradece algo concreto que esa persona hizo.
- Con lectura final: cerrar con un poema cristiano de ánimo leído por alguien del grupo, con la red de lana todavía montada.
Reflexión
- ¿Qué te ha costado más: decir algo bueno o escucharlo?
- ¿Te ha sorprendido algo de lo que te han dicho?
- ¿Por qué crees que pensamos estas cosas y casi nunca las decimos?
- ¿A quién de fuera de este grupo deberías decirle algo así esta semana?
Enseñanza bíblica
«Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.» — 1 Tesalonicenses 5:11
La palabra que se traduce por «edificar» es de albañilería: poner un ladrillo encima de otro. Animar no es echar un piropo, es construir a alguien poco a poco.
Y fíjate en el detalle del final del versículo: «así como lo hacéis». Pablo no les está regañando; les está diciendo que sigan haciendo algo que ya hacían bien. Merece la pena señalarlo, porque casi siempre leemos la Biblia esperando una corrección.
Aquí está la pregunta que deja poso: la mayoría del grupo acaba de escuchar cosas que los demás pensaban desde hace meses y no habían dicho nunca. ¿Cuánto ánimo se está quedando sin decir en este grupo cada semana?
Consejos para el líder
- Prepárate lo que vas a decir de cada uno. Si improvisas, repetirás «eres muy simpático» cinco veces y se notará.
- Vigila que nadie se quede el último por descarte. Si ves que alguien no ha recibido el ovillo, redirígelo tú.
- Prohíbe las bromas. Una sola risa fuera de lugar destroza el momento para esa persona.
- Con grupos muy tímidos, usa la versión escrita: el efecto es parecido y la exposición es menor.
- No la uses con un grupo recién formado. Sin confianza previa, sale forzado y falso.
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